CRÁTERAS GRIEGAS
Las cráteras eran vasijas grandes utilizadas en los simposios o banquetes para mezclar el vino con el agua y también como objetos de gran valor artístico y social. Alrededor del siglo VIII aC., comienza a desarrollarse la cerámica geométrica y estos grandes vasos, se consolidan como formas reconocibles y figuradas en el siglo VII aC. con la aparición de la técnica de figuras negras en Corinto y Atenas. En dicha técnica las imágenes se silueteaban y barnizadas sobre el fondo rojo de la arcilla, que se deja sin pintar; para ello se utilizaba un estilete metálico muy fino con el que rascaba la pintura negra del interior para sacar a la luz el fondo rojo de la arcilla. A veces se añadía el color blanco y el púrpura con objeto de resaltar algunos detalles de la imagen; posteriormente fue reemplazada por la de las figuras rojas, con las que se buscaba mayor detalle y naturalismo.

El Vaso de los Argonautas, que podemos contemplar en el Museo Arqueológico de Florencia, es un cáliz-crátera de cerámica de figuras rojas, que se caracteriza por dejar el área en primer plano con el color natural de la arcilla y el fondo pintado de oscuro, de ese modo las imágenes resultan más reales al dibujarse todos los detalles mediante una línea de barniz ejecutada con pincel muy fino. Está datado del siglo IV aC., pintado por el Pintor de Nazzano, un artista etrusco.
Las figuras del vaso ilustran la expedición de los argonautas, los héroes comandados por Jasón que viajaron en la nave Argo para buscar el vellocino de oro de la Cólquida y que nos narra Apolonio de Rodas en sus Argonáuticas.
Allí mismo descubrimos el famoso Vaso François que recibe su nombre del italiano Alessandro François, quien la halló en 1845 dentro una tumba etrusca en Chiusi, Italia. Esta crátera tipo cáliz ateniense con volutas, está datada entre el 570-565 aC. y firmada por el alfarero Ergotimos y el pintor Kleitias. Es un ejemplo espectacular de la cerámica ática de figuras negras y está decorada con doscientas setenta figuras humanas y animales junto con varios objetos, tales como altares, columnas, fuentes y muebles, todos pintados en negro, púrpura y blanco sobre el fondo de arcilla de color naranja pálido. Atípicamente, las figuras y objetos están meticulosamente denominados con ciento veintiuna inscripciones. Toda esta serie de escenas y de personajes de la mitología griega que cubren el vaso, hacen que sea una referencia importante para estas historias, algunas de las cuales ya no existen en forma escrita y solo se conocen gracias a esta cerámica, por ejemplo las bodas de Tetis y Peleo, la muerte de Aquiles, las carreras de carros por la muerte de Patroclo, la caza de Calidón o la Centauromaquia.
En el año 1900 el vaso fue hecho añicos en 638 trozos por un guarda del museo en una protesta absurda, gracias a una restauración meticulosa, esta magnífica e importante pieza continúa encantando a todos los que visitamos este maravilloso Museo, tan poco visitado y que sin embargo contiene piezas extraordinarias.

