SANTUARIO DE YAZILIKAYA
Se trata de uno de los lugares más impresionantes del arte y la religiosidad hitita, famoso por sus relieves de dioses y figuras mitológicas inscritos en la roca al aire libre, a poco más de un kilómetro de la antigua capital Hattusa, en la actual Turquía central, una visita imprescindible para todos los amantes de la historia y la arqueología.

La religión hitita surge de la confluencia de distintos elementos: los que trajeron los propios hititas, los prehititas que se encontraban ya en Anatolia y el influjo de las religiones mesopotámicas, por tanto, su panteón contaba con un considerable número de dioses, puesto que no procedían de un único pueblo.
Durante el Imperio hitita, el Santuario de Yazılıkaya, cuyo nombre moderno en turco significa “roca inscrita”, fue un espacio sagrado usado para ceremonias religiosas al aire libre, diferenciado de los templos cerrados de Hattusas, la capital, donde se realizaban los ritos principales del Imperio. Está situado en un lugar donde mana el agua y las rocas generaron dos cámaras naturales de diferente tamaño, convirtiéndolo en un lugar ideal para identificarlo con la morada de los dioses, la cámara A posiblemente estuvo dedicada a festividades, tales como la de la primavera o el Año Nuevo, y la B era probablemente empleada en el culto al rey difunto Tudhaliya IV.


En sus paredes están representadas más de 90 figuras de dioses en relieve, prácticamente todo el panteón hitita más aquellos que habían adoptado a su paso a través de Babilonia y Asiria, siguiendo un estricto orden jerárquico y enfrentadas algunas a la imagen del rey Tudhalija IV. Los hititas tenían un profundo sentido religiosos hasta el punto de que algunos investigadores consideran que el estado hitita era un estado sacerdotal, incluso si el mismo rey tenía que elegir entre sus deberes militares o los religiosos, siempre elegía cumplir con los dioses.

Allí podemos contemplar a Teshub, dios del cielo, de la tormenta y principal figura masculina y su esposa Hepat, diosa solar, representada sobre un león. Sharuma, hijo de Teshub y Hepat, sobre un león, las hijas suelen estar sobre un águila bicéfala. Nergal, dios del inframundo, cuyo relieve lo muestra con brazos y hombros formados por leones. Aparecen también doce dioses armados, considerados guardianes del inframundo en la galería B.
Esas imágenes esculpidas en Yazılıkaya no solo presentan a los dioses, sino que, según investigaciones recientes, representan la cosmovisión hitita, distintos niveles del cosmos (inframundo, tierra y cielo), así como procesos cíclicos, tales como las estaciones, fases lunares y el día y la noche y era utilizado para rituales de significado astronómico y cósmico, como una puesta en escena simbólica del orden del universo.
El santuario de Yazılıkaya, constituía el corazón religioso del reino: el lugar donde se actualizaba el orden cósmico a través de los rituales de realeza. Desde este punto de vista, la capital era un espacio de mediación entre lo divino y lo político, cuyo significado excedía la lógica territorial. En consecuencia, su mantenimiento, incluso en contextos de inestabilidad o amenaza, respondía a la necesidad de preservar la continuidad simbólica del Estado hitita. Es un lugar muy interesante y clave para entender la religión y la visión del cosmos de los hititas






